He aprendido una valiosa lección esta noche: el alma tiene puertas. Y esas puertas deben estar solamente entreabiertas. No todo el mundo sabe mirar a través de las rendijas, y ahí radica la fuerza. Saber qué hay detrás de cada puerta es un privilegio del que pocos son dignos. Y cada vez menos.
También hay rinconcitos del alma cuyas aberturas deben ser cerradas por completo, rinconcitos oscuros que nadie debe conocer. Son esquinas que hay que sellar a toda costa, pero, qué hacer cuando alguien ha visto qué hay en esos rinconcitos? Es simple, date por muerto. A veces, incluso alguien a quien se ha tenido el valor de confesar lo que habita en esos rincones, y se supone que, para confesar algo así, debe ser alguien muy especial, aun en estos casos, date por muerto. Ese alguien puede no ser especialmente discreto. Más aún, puede usar en tu contra lo que conoce de ti.
Ahora estoy en un punto realmente jodido, y he confiado mi suerte a la persona equivocada. Lección: cierra las puertas del alma. Elige bien quién es el privilegiado que va a conocer lo que hay detrás de las rendijas, pero, bajo ningún concepto reveles lo que hay en los rincones... Eso debe permanecer sellado de por vida.
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