Ya van días de camino, días en los que he procurado aplicar mis propias reglas, y en los que todo ha ido bien.
Sin embargo, queda un resquemor dentro... unas ascuas aún prendidas. Son los restos de un agradable fuego que calentó brevemente en alma, que ofreció apoyo en momentos de necesidad. Pero ese fuego prendió demasiado rápido, y arrasó todo el combustible de que disponía.
Ahora, ese fuego se ha convertido en rescoldos, y lucha por terminar de apagarse. Yo, por mi parte, me he dejado los pulmones tratando de avivar ese fuego, pero parece reacio a prener de nuevo, de modo que creo buena idea dejar que los últimos restos de él terminen de consumirse por completo, y así poder conservar en la memoria los escasos momentos e los que abrigó el alma y el corazón, aunque fueran malos momentos.
Otras hogueras han prendido alrededor, sin embargo, aún deseo... necesito susurrarle algo más a esa pequeña candela. Alguien, el viento, sopló con fuerza, afanado en apagar sus llamas, y nada de lo que hice pudo luchar contra eso... Nada puede luchar contra los elementos. Espero que dure lo suficiente como para escuchar mis susurros, y pueda apagarse felizmente.
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